Los New York Knicks consiguieron su boleto para las finales de la NBA luego de 27 años, tras barrer a los Cleveland Cavaliers en las finales de conferencia en la zona este. El equipo de Manhattan se mantiene entrenando mientras se define al ganador de la conferencia oeste, San Antonio Spurs o el actual campeón Oklahoma City Thunder que lidera la serie 3-2.
La ilusión y optimismo que vive la ciudad de Nueva York por los Knicks es inmensa, recordando que su último campeonato fue en las finales de la temporada 1972-73. En aquella ocasión el equipo tenía como figuras a Walt «Clyde» Frazier y Willis Reed, que se llevó el MVP en las dos ocasiones en que los Knicks levantaron el campeonato (1970 y 1973).

A partir de ese momento los Knicks nunca pudieron responderle bien a la afición de Nueva York, ya que solo pudieron meterse a las finales de 1994 y 1999, cayendo ante los Houston Rockets y San Antonio Spurs respectivamente. Contra Houston llegaron a tener ventaja de 3-2 y estar a nada de coronarse, pero perdieron los juegos finales de visita por márgenes cortos
En este 2026 los Knicks mejoraron gracias al trío comandando por Jalen Brunson, Karl-Anthony Towns y Mikal Bridges, mostrando un gran poder ofensivo. En los playoffs Nueva York solo perdió dos partidos en la primera ronda ante Atlanta Hawks, para posteriormente barrer a los 76ers y Cavaliers para devolver al Madison Square Garden a unas finales de la NBA.

Por otro lado, en la conferencia oeste se están viviendo unas grandes finales entre el campeón Thunder y Spurs, siendo un duelo directo entre dos jugadores que se pelearon el MVP de la temporada, Shai Gilgeous-Alexander y Victor Wembanyama. El jueves Oklahoma City tiene la posibilidad de cerrar la serie como visitante y volver a una final, evitando un definitivo juego 7.
Los Knicks tendrán que empezar las finales jugando como visitante, puesto que su récord de 53-29 se queda corto ante los registros de Thunder y Spurs. Sin embargo, esa racha de 11 partidos sin derrota tiene con toda la expectativa a la afición, que llenará el Madison Square Garden sin importar que los precios sean de los más caros en la historia de la NBA para un juego.


